Cada 15 de mayo celebramos a San Isidro Labrador, patrón de los agricultores. Una fecha que, más allá de la tradición y la devoción, debe servirnos para reconocer el trabajo de miles de hombres y mujeres que, cada día, hacen posible que el campo siga siendo el epicentro de todo: motor económico, motor social y, en Almería, también un modo de vida familiar profundamente arraigado a nuestra tierra.

Aquí sabemos bien lo que significa vivir de la agricultura. Hemos visto a nuestros abuelos trabajar la tierra, a nuestros padres modernizar las explotaciones y ahora somos nosotros quienes recogemos ese testigo para que Almería y su agricultura sigan siendo referencia mundial en innovación, producción y calidad.

Porque en esta provincia no hablamos solo de un sector productivo. Hablamos de familias, de esfuerzo, de sacrificio, de innovación y de una forma de vida que ha transformado una tierra humilde y difícil hasta convertirla en un ejemplo internacional de agricultura eficiente y sostenible. Y todo ello, además, sin que nunca nos lo hayan puesto fácil.

Los agricultores almerienses han sido capaces de producir más con menos agua, de modernizar explotaciones, de adaptarse a las exigencias de los mercados y de seguir adelante incluso en los momentos más complicados. Lo demostraron durante la pandemia, garantizando el abastecimiento alimentario mientras todo se detenía. Y lo siguen demostrando hoy, pese a las enormes dificultades que amenazan la rentabilidad y el futuro del campo.

Porque no es fácil seguir produciendo cuando una borrasca arrasa una explotación, levanta estructuras, destroza plásticos o inunda invernaderos. Tampoco lo es cuando se firman acuerdos comerciales que no protegen realmente a nuestro músculo productivo y abren la puerta a una competencia desleal que asfixia a nuestros agricultores. Y, sin embargo, Almería sigue adelante. Nuestros agricultores vuelven a levantarse, se reinventan y continúan trabajando con la misma determinación de siempre, haciendo de la resiliencia una de las principales señas de identidad del campo almeriense.

Este San Isidro llega, además, en un momento especialmente complejo para la agricultura de nuestra provincia.

La falta de agua continúa siendo una de las principales preocupaciones del sector. No puede haber futuro para la agricultura sin infraestructuras hídricas, sin planificación y sin inversiones reales que garanticen recursos suficientes para seguir produciendo alimentos. Los agricultores llevamos años demostrando responsabilidad y eficiencia en el uso del agua, pero necesitamos respuestas y compromisos firmes por parte de las administraciones.

A ello se suma el incremento imparable de los costes de producción: energía, fertilizantes, fitosanitarios, mano de obra o transporte. Cada campaña exige más inversión mientras los precios en origen, en muchas ocasiones, no permiten siquiera cubrir costes. Es insostenible exigir cada vez más al agricultor sin garantizar al mismo tiempo la viabilidad de las explotaciones.

También preocupa la creciente presión normativa y burocrática que soporta el sector. Europa no puede seguir legislando de espaldas al campo. Muchas de las nuevas exigencias medioambientales, alejadas de la realidad productiva, generan incertidumbre y dificultan el trabajo diario de explotaciones que ya son ejemplo de sostenibilidad y eficiencia.

Y junto a ello, seguimos reclamando reciprocidad frente a las importaciones de terceros países. No es justo exigir a nuestros agricultores estrictas normas laborales, fitosanitarias y medioambientales mientras entran productos procedentes de países que no cumplen esas mismas condiciones. Defender al agricultor almeriense es también defender una alimentación segura, de calidad y con garantías para los consumidores europeos.

Pero hoy, en San Isidro, además de reivindicar, queremos reconocer.

Reconocer el esfuerzo de quienes madrugan cada día sin mirar el calendario. De quienes viven pendientes del clima, de los mercados y de unos costes cada vez más difíciles de asumir. De quienes siguen apostando por el campo pese a las dificultades y pese a la preocupación creciente por la falta de relevo generacional que amenaza el futuro de muchas explotaciones familiares.

La agricultura almeriense merece orgullo, respeto y apoyo. Porque detrás de cada invernadero, de cada explotación ganadera y de cada cultivo hay personas que sostienen empleo, riqueza y desarrollo para toda una provincia.

Desde ASAJA Almería seguiremos defendiendo a nuestros agricultores y ganaderos, reclamando soluciones y alzando la voz cuando sea necesario. Pero también seguiremos poniendo en valor un sector que ha demostrado ser esencial, estratégico y absolutamente imprescindible para nuestra sociedad.

En el día de San Isidro, nuestro reconocimiento y agradecimiento a todos los agricultores y ganaderos de Almería. Porque cuidar del campo es también cuidar del futuro de nuestra tierra.

Adoración Blanque
Presidenta de ASAJA Almería