El Parlamento Europeo ha dado su visto bueno definitivo a la revisión del Reglamento de la Organización Común de Mercados (OCM), un paquete de medidas que refuerza la posición de los agricultores y ganaderos dentro de la cadena de suministro alimentario y que establece normas más claras de etiquetado y comercialización. El texto salió adelante en el Pleno de Estrasburgo con 560 votos a favor, 75 en contra y 25 abstenciones.
Detrás de esta votación hay meses de trabajo intenso y de presión constante en Bruselas. ASAJA, junto a las principales organizaciones agrarias europeas —la CAP portuguesa, la COLDIRETTI italiana y la FNSEA francesa—, ha defendido sin descanso ante los colegisladores europeos que el agricultor, el eslabón más débil de la cadena, dejara de pagar siempre los platos rotos. Hoy, buena parte de esas reivindicaciones son ley.
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Qué cambia para el agricultor y el ganadero
El nuevo marco refuerza los contratos escritos entre productores y compradores para aportar seguridad jurídica, previsibilidad y estabilidad, con una protección reforzada para el sector lácteo, donde estos contratos pasan a ser obligatorios. Los Estados miembros deberán publicar índices de referencia que sirvan de base en los acuerdos contractuales, de manera que los precios finales reflejen mejor los costes reales de producir y repercutan en la renta del productor.
La reforma fortalece además el papel de las organizaciones de productores, que ganan capacidad para negociar directamente con los compradores, concentrar la oferta y planificar la producción, e impide que se las «esquive» para negociar con productores aislados y en inferioridad de condiciones. Se mejoran también los instrumentos de gestión de crisis de mercado.
En materia de etiquetado, el texto aclara el uso de términos como «justo» y «equitativo» y refuerza la información sobre el origen de los productos. Y da un paso largamente reclamado por el sector ganadero: define la carne como «partes comestibles de animales» y reserva en exclusiva para los productos cárnicos denominaciones como vacuno, ternera, cerdo, pollo, cordero, chuleta, solomillo, filete o bacon, entre otras, que ya no podrán emplearse para productos cultivados en laboratorio o a base de células. Una victoria para la transparencia y para que el consumidor sepa siempre qué está comprando.

Un paso firme, pero no el final del camino
ASAJA subraya que esta votación no cierra el trabajo, sino que abre una nueva etapa. El verdadero examen llegará con el próximo paquete de reforma de la PAC, que incluirá una revisión más amplia de la OCM. La organización seguirá trabajando en Bruselas para que esa reforma actualice los precios de referencia, refuerce las normas de comercialización, mejore los mecanismos de prevención y gestión de crisis de mercado y mantenga al productor en el centro de todas las decisiones.
Porque, como recuerda ASAJA, sin rentabilidad para quien produce los alimentos no hay relevo generacional, ni pueblos vivos, ni soberanía alimentaria para Europa.
Fuente Asaja Nacional




