LA CONFERENCIA SECTORIAL: EL VERDADERO DEBATE

La recta final de la nueva PAC se abordará en la conferencia sectorial entre las 17 comunidades españolas de la semana que viene. Queda por cerrar lo planteado por Dacian Ciolos, comisario de Agricultura, hace dos años y medio. El campo andaluz debe afrontar esta complicada tesitura unido, sin complejos, sin olvidos de cómo hemos llegado hasta aquí y decidido a alcanzar el equilibrio más justo en lo que queda.

El planteamiento primigenio de Ciolos, que llegó con envoltura verde chillón, hizo sobrevolar carroñeras por encima de los agricultores y ganaderos españoles, con dos pullas mortíferas, un presupuesto mermado como consecuencia de la complicada situación económica de Europa y la obsesión de la tasa plana que olvidaba el esfuerzo titánico de los camperos por sacar adelante al sector, proponiendo un café para todos absolutamente injusto.

Pues bien, tirando de memoria, hay que reconocer el esfuerzo y buen trabajo del Ministerio de Agricultura, con Miguel Arias a la cabeza de un equipo profesional y preparado, que convenció a Europa de la necesidad de mantener los niveles de apoyo ­y según sus propias cifras, España contará con una financiación económica superior a los 47.000 millones de euros para el periodo 2014-20­ y, no menos complicado, logró la erradicación de la lesiva tasa plana. Conseguidos ambos hitos, el tercer punto era evitar el trasvase de fondos entre territorios (comunidades autónomas) y sectores: eje central de la próxima conferencia sectorial del 20 y 21 de este mes, el verdadero debate. Encrucijada que nace precedida de una primera conferencia sectorial, celebrada el pasado 25 de julio, en la que, tampoco hay que olvidar, que Andalucía jugó bien sus cartas acudiendo unido todo el sector y con un experto negociador, Luis Planas, que consiguió lo justo, que los territorios y los sectores mantuvieran su estatus tanto en los pagos de base como en el pago verde (al menos el 87% del presupuesto para ayudas directas).

Y es de recibo que lo siga manteniendo y que no se vaya ni un euro de esta comunidad autónoma a otra porque, entre otros datos, la PAC en Andalucía atiende a 280.000 empresas agrarias andaluzas, que emplean de forma directa más del 10% de la población activa andaluza, con una producción de más de 10.000 millones de euros ­que nos coloca agrícolamente hablando por delante de 19 de los 28 estados miembros de la UE­; con una aportación extraordinaria para nuestra importante industria agroalimentaria y a la balanza comercial exterior con productos andaluces prestigiados y cotizados en el mercado mundial. Esos datos, unidos a la condición multifuncional y heterogénea de una agricultura y una ganadería que recorren los riegos del Guadalquivir, los secanos de campiña, el litoral, las dehesas, nuestros montes y, por tanto, recorre el territorio de punta a punta son motivos más que suficientes para que ni un euro de soporte a la agricultura y ganadería andaluza se despiste hacia otro bolsillo.

Pero es que además tenemos diversidad y nos afectan todas las producciones regidas en OCM; hay instalada una industria agroalimentaria y de transformación puntera; somos grandes exportadores de los principales productos de cabecera de la marca España y, gracias al sector, se preservan y se mantienen ecosistemas agro-silvo-pastoriles muy sensibles, verdaderas joyas de la naturaleza, y para ello basta citar al monte mediterráneo. Dicho esto, que es de sobra conocido, las 17 comunidades autónomas se presentan al verdadero debate con un principio de solución que se vislumbra esperanzador porque, para salvar la diversidad de la agricultura y ganadería españolas, para evitar el trasvase de ayudas de un territorio a otro y hacer un reparto más acorde al historial productivo del país, se ha conseguido una autorización para una aplicación especial de la norma comunitaria, introduciendo una hábil fórmula donde el concepto estrato permite distinguir el regadío del secano, los cultivos permanentes y los pastos (a mi juicio, falta distinguir las parcelas elegibles para acogerse a las ayudas específicas del algodón, para preservar a éste sector del drenaje de la convergencia). De este modo, cada agricultor o ganadero contará con unas ayudas de base y verdes parecidas a las del periodo anterior y, con la suma de los agricultores y los estratos, cada comunidad recibirá ayudas parecidas.

Fuera de esta reforma estructural (al menos el 87% de las ayudas) y de una forma coyuntural se establecen las llamadas ayudas acopladas (en España hasta el 13% del presupuesto) que permiten sortear desequilibrios de determinados sectores. También está determinada la prioridad para los sectores ganaderos extensivos. Esta asignatura pendiente debe resolver graves desequilibrios andaluces: prioritariamente la ganadería extensiva (vacuno, cabras y ovejas) que hacen posible que se ocupe el territorio, manteniéndolo protegido de su mayor riesgo de incendios, por cierto es básico que la ayuda acoplada a la cabra sea igual a la de la oveja; la remolacha de siembra otoñal (gran innovación tecnológica al haber cambiado el ciclo vegetativo y que mantiene una gran industria básica); el trigo duro (para permitir competir con los productores de los países de nuestro entorno que sí van a ayudar a este cultivo); el arroz, soporte productivo de las marismas que permite el mantenimiento de estos humedales, base para la conservación de nuestra importantísima avifauna; tomate para industria y aquellos otros que autorizados en el Reglamento sea necesario apoyar para vencer cualquier desequilibrio que pudiera deslocalizarlos.

Respecto al segundo pilar, los Fondos de Desarrollo Rural, la realidad andaluza representa el mejor caldo de cultivo para que, con esas ayudas, se culmine el proceso de revitalización del campo andaluz. Con los Fondos Agrarios y los Fondos de Desarrollo Rural en la cartera, Andalucía dispondrá de los mimbres necesarios para encarar los retos del horizonte 2020 cumpliendo la principal premisa de Europa: cultivar y producir para satisfacer las demandas de los consumidores. No perdamos de vista, en el fragor del verdadero debate, que los agricultores y ganaderos andaluces lo que sabemos hacer es producir alimentos y que sabemos hacerlo bien superando las barreras climatológicas y, muchas veces, burocráticas. Por suerte, la demanda social sigue pujando.

CRISTÓBAL CANTOS RUIZ. Secretario General ASAJA-Andalucía

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